domingo, 31 de enero de 2010

Maktub, Paulo Coelho

Dice el maestro:
Cuando presentimos que ha llegado la hora de cambiar, comenzamos, incoscientemente, a repasar la película de nuestras derrotas hasta el momento.
Está claro que a medida que envejecemos, nuestra cota de momentos difíciles es mayor.
Pero, al mismo tiempo, la experiencia nos ha dado medios para superar estas derrotas y encontrar el camino que nos permite seguir adelante. También es preciso poner esta película en nuestro vídeo mental.
Si sólo vemos la película de las derrotas, nos quedaremos paralizados. Si sólo vemos la de la experiencia, acabaremos creyéndonos más sabios de lo que realmente somos.
Necesitamos las dos películas.

Fragmento de Maktub, Paulo Coelho.

Redes 35: Ser feliz es cuestión de voluntad (29 minutos)

Redes 35: Ser feliz es cuestión de voluntad (29 minutos)

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martes, 12 de enero de 2010

LA ALEGORÍA DEL CARRUAJE


Un día suena el teléfono.

La llamada es para mí.

Apenas atiendo, una voz muy familiar me dice:

-Hola, soy yo. Sal a la calle. Hay un obsequio para ti.

Entusiasmado, me dirijo a la acera y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo, justo, frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy (chic).

Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular tapizado en pana burdeos y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta de que todo está diseñado exclusivamente para mí: está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… Todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.

Entonces, miro por la ventana y veo (el paisaje): de un lado, la fachada de mi casa; del otro, la de la casa de mi vecino…

Y digo: << ¡Qué maravilloso este regalo! Qué bien, qué bonito…>>

Y me quedo disfrutando de esa sensación.

Al rato, empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.

Me pregunto: << ¿Cuánto tiempo puede ver uno las mismas cosas?>> Y empiezo a convencerme de que el regalo que hicieron no sirve para nada.

De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino, que me dice, como adivinándome el pensamiento:

-¿ no te das cuenta de que a este carruaje le falta algo?

Yo pongo cara de (qué-le-falta) mientras miro las alfombras y los tapizados.

-Le faltan los caballos - me dice antes de que llegue a preguntarle.

Por eso veo siempre lo mismo-pienso-, por eso me parece aburrido…

-Cierto- digo yo.

Entonces, voy hasta el corralón de la estación y consigo dos caballos. Fuertes, jóvenes, briosos. Ato los animales al carruaje, me subo otra vez y, desde dentro grito:

-¡¡Eaaaa!!

El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.
Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el vehículo y una rajadura se insinúa en uno de los laterales.

Son los caballos que me conducen por caminos terribles; atraviesan todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.

Me doy cuenta de que no tengo ningún control de nada; esas bestias me arrastran a donde ellas quieren.

Al principio me pareció que la aventura que se me presentaba era muy divertida pero, al final, siento que esto que pasa es muy peligroso.

Comienzo a asustarme y a darme cuenta de que esto tampoco sirve.

En ese momento, veo a mi vecino que pasa por allí cerca, en su coche. Lo insulto:

-¡Qué me hizo!

Me grita:

-¡Te falta el cochero!

-¡Ah!- digo yo.

Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar a un cochero.

Tengo suerte. Lo encuentro.

Es un hombre formal y circunspecto, con cara de poco humor y mucho conocimiento.

A los pocos días, asume funciones.

Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron.
Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero adónde quiero ir.

Él conduce, tiene toda la situación bajo control. Él elige la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.

Yo, en la cabina… disfruto del viaje.

[…]

Como producto de la unión de dos pequeñísimas células y del deseo de dos personas, hace muchos años fuimos concebidos. Y aún antes de nacer ya habíamos recibido el primer regalo: nuestro cuerpo.

Una especia de carruaje, diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Un vehículo capaz de adaptarse a los cambios, capaz de modificarse con el paso del tiempo, pero diseñado para acompañarnos durante todo el viaje.

En aquel momento, a poco de dejar nuestra protegida (casa materna), ese cuerpo nuestro registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió.

El cuerpo sin deseos, necesidades, pulsiones o afectos que lo impulsen a la acción sería como un carruaje que no tiene caballos.


[…] Pronto fue quedando claro que los deseos, dejados a su aire, podrían conducirnos por caminos demasiado arriesgados, frustrantes y hasta peligrosos. Nos dimos cuenta de la necesidad de sofrenarlos.

Aquí apareció la figura del cochero: en nosotros, nuestra mente, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente.

Un eficiente cochero encargado de dirigir nuestro trayecto, cuidándonos de algunos caminos llenos de peligros innecesarios y riesgos desmedidos.

Cada uno de nosotros es, por lo menos, los tres personajes que intervienen en la alegoría durante todo el camino, es decir, a lo largo de toda nuestra vida: somos el carruaje, somos los caballos y somos el cochero, al igual que somos el pasajero. Somos nuestro cuerpo, somos nuestros deseos, necesidades y emociones, somos nuestro intelecto y nuestra mente, tanto como somos nuestros aspectos mas espirituales y metafísicos.

La armonía deberemos construirla con todas estas partes, cuidando de no dejar de ocuparnos de ninguno de los protagonistas.

Dejar que el cuerpo sea llevado sólo por los impulsos, afectos o pasiones, puede ser y es sumamente peligroso. Necesitamos de la mente para ejercer cierto orden en nuestra vida.

El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son los caballos. No debemos permitir que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ¿Qué haríamos sin los caballos? ¿Qué sería de nosotros si fuéramos solamente cuerpo y celebro? Si no tuviéramos ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje.

Obviamente, tampoco podemos descuidar el carruaje. Y esto implicará reparar, cuidar, afinarl lo que sea necesario para su mantenimiento, porque nos debe durar todo el trayecto. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe y, entonces, el viaje puede terminarse demasiado pronto.

Solamente cuando incorporamos esto, cuando tomamos conciencia de que soy mi cuerpo, mis manos, mi corazón, mi dolor de cabeza y mi sensación de apetito, cuando asumo que soy mis ganas, mis deseos y mis instintos a la vez que mis amores y mis enojos; cuando acepto que soy, además, mis reflexiones, mi mente pensante y mis experiencias…

Solamente entonces estoy en condiciones de recorrer adecuadamente el mejor de los caminos para mí, es decir, el camino que hoy me toca recorrer.

Fragmento extraído del libro: Las 3 preguntas ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién? de Jorge Bucay

lunes, 11 de enero de 2010

Frases sobre el éxito

"Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que pueden cometerse en un campo muy reducido."

Niels Bohr, médico danés ganador de un premio Nobel.

"No puedo dar una fórmula segura para tener éxito, pero te puedo ofrecer una fórmula para fracasar: intentar contentar siempre a todo el mundo."

Herbert Bayard Swope, periodista norteamericano; primer ganador del Premio Pulitzer.

Fuente: La semana laboral de 4 horas, Timothy Ferriss.

domingo, 10 de enero de 2010

Aprender de los errores para lograr el éxito



Ningún camino fácil te llevará a algo que merezca la pena.

¿Quién dijo que sería fácil?

Cuando se quiere comenzar a practicar algo, un deporte, la danza, el baile, etcétera, nos damos cuenta de que resulta difícil al principio. Esto en algunas personas produce rechazo.

El rechazo se debe, realmente, al miedo que experimentan, y por consecuencia se sienten inseguros porque temen el fracaso de alguna actividad. Pero el camino hacia el éxito es saber que del fracaso podemos aprender. Esa es la verdadera esencia que define a una persona competente, aprender del fracaso.

Para lograr el éxito, primero tenemos que fracasar, y además deberíamos ser conscientes de que hay que fracasar. Y no por ello tenemos que sentir miedo a errar. Errar es de humanos, siempre lo és. 

Para superar los miedos, tenemos que confiar en nosotros mismos. ¿Difícil no? Pues no lo es. Sólo tenemos que buscar un incentivo, motivarnos a nosotros mismos. 

Proponernos metas  la mejor opción para la motivación y dejar a un lado las barreras que imaginamos y que nos separan del éxito, nuestros obstáculos fantaseados.



"Estar educado significa tener la capacidad de cambiar"

domingo, 3 de enero de 2010

Emotional Contagion = Contagio Emocional

Daniel Goleman dice en su libro Inteligencia Emocional:

"Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción
automática con los que nos ha dotado la evolución. La misma raíz etimológica de la palabra emoción proviene del verbo latino movere (que significa «moverse») más el prefijo «e-», significando algo así como «movimiento hacia»".

En efecto, el artículo que hoy publicamos aquí habla por sí mismo. Con el vídeo que mostramos a continuación pretendemos hacer hincapié sobre este hecho, de que las emociones se contagian.

Este estudio lo llevaron acabo los psicólogos Elaine Hatfield y John Cacioppo, junto con el historiador Richard Rapson.

Aquí os dejamos el vídeo, sacad vuestras propias conclusiones, y esperamos que os guste!!